Un empleado trabaja para ti ocho horas al día y en esas ocho horas deja rastro en todo: la hora en que fichó, dónde estaba la furgoneta, cuántas órdenes de trabajo ha cerrado, cuántos mensajes ha cruzado con el gestor, incluso cuántas veces ha abierto la aplicación. Todo eso es un dato, y hoy recogerlo cuesta casi nada. La tentación, comprensible, es guardarlo todo: nunca se sabe si puede hacer falta. El problema es que sobre los datos de quienes trabajan para ti la ley lleva tiempo trazando una línea, y esa línea está exactamente donde no la esperas.
La línea no separa “datos buenos” de “datos malos”. Pasa entre lo que de verdad necesitas y lo que recoges porque puedes. El principio se llama minimización, y es el eje del RGPD aplicado a la relación laboral: puedes tratar los datos del personal solo para una finalidad declarada, solo en la medida necesaria para esa finalidad, y solo el tiempo que esa finalidad requiere. Parece un tecnicismo, es la pregunta más práctica que existe: este dato, ¿para qué sirve exactamente? Si la respuesta es “no lo sé, pero de momento lo guardo”, ese dato no deberías tenerlo. Ahí es donde nacen casi todas las reclamaciones ante la AEPD, no en los sistemas complicados, sino en los archivos hinchados que nadie sabe ya por qué existen.
Toma el control de presencia, el caso más común. Saber a qué hora empezó y terminó un trabajador es una finalidad legítima y casi siempre necesaria: sirve para pagar, para facturar la orden, para demostrar que el trabajo se hizo. Saber dónde está cada minuto del día es otra cosa, y casi nunca necesaria. Entre ambas hay un mundo, y es el mismo mundo que separa un registro conforme de una vigilancia continuada prohibida. La LOPDGDD, en su artículo 90, exige que se informe de forma expresa al trabajador sobre cualquier sistema de registro o control; y sin esa información previa, sin una base jurídica sólida, estarás recopilando datos sobre su posición fuera de toda cobertura legal. El dato del fichaje lo puedes tener. La película de la jornada, no.
Las herramientas gratuitas para ponerte en regla
Tres herramientas gratuitas, todas en tu navegador y sin cuenta, para pasar de la teoría a la práctica:
- ¿Cumples con los datos de los empleados? — un test de 9 preguntas con puntuación y áreas a corregir.
- Generador de aviso de privacidad GPS — prepara el modelo conforme al art. 13, ahora con la cláusula de representación de los trabajadores por país.
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Abre tu pruebaEl propósito antes que el dato
Hay un reflejo que traiciona incluso a los más cuidadosos: primero se recoge el dato, luego se decide para qué sirve. La ley razona al revés, y con razón. Primero fijas la finalidad, luego recoges solo lo que esa finalidad requiere. Un ejemplo que vale para cualquier empresa con equipos en campo: si la finalidad es demostrar al cliente que la intervención se realizó, con hora de llegada, hora de salida y una foto del trabajo terminado ya tienes la prueba. No necesitas registrar el recorrido, no necesitas saber dónde han comido, no necesitas guardar esos datos dos años. Cada pieza extra que recoges es una pieza extra que mañana tendrás que justificar, custodiar y, si algo va mal, explicar ante la AEPD.






